Un proyecto interminable de propuestas, reuniones, visitas, encuentros, fechas, promesas y… errores
Por Ignacio Cáceres
El tren en la península no atraviesa, precísamente, su mejor momento, como bien sabe el ministro Oscar Puente. Entre errores, retrasos, accidentes, inhibiciones.
En Extremadura, por ejemplo, el tren de Alta Velocidad lleva ya, entre la indignación de sus buenas y esforzadas gentes, un retraso gigante de ¡treinta años…! Lo que se dice pronto. Pero ni una sola dimisión.
Si el lector echa mano de la hemeroteca podrá comprobar que tan deseado (y más que necesario) Tren entre Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas, tan anunciado a bombo y platillo cada vez que alguno de sus protagonistas lleva a cabo cualquier gestión, siempre se mira, aún sin querer, a ese espinoso camino que tantas críticas ha generado.
Si bien es cierto que se trata de todo un proyecto que descongestionaría, de forma evidente, el trasiego y las caravanas eternas que adornan la GC-1 entre Gran Canaria y Maspalomas y viceversa.
18 años de retraso
Con un tren, como el de Gran Canaria-Maspalomas que lleva 18 años de retraso, por ser benévolos en el tiempo, con más de cien mil coches transitando por el trayecto que une la capital con el sur, con un calvario que sufren y padecen todos los días miles de conductores en horas punta, se puede ser analítico y hasta un poco realista, con unos datos como el de hoy.
Pero algunos protagonistas y sus voceros (alguno de los cuales parece cabreado permanentemente con «maspalomasplus.com», porque en su día abordamos el severo retraso y otras anomalías y/o incidencias del Mercado Interminable de Maspalomas), debieran de ser más sensibles y conscientes de que el futuro del tren Las Palmas de Gran Canaria-Maspalomas, con el pasado que lleva el mismo, entre railes y maquinarias, entre catenarias y estaciones, tiene por delante unas estaciones muy duras de por medio. Lo que no parece baladí.
Si para llegar hasta este momento han transcurrido 18 años y con cinco pasos por delante, toquemos madera. El tren de Gran Canaria ha recibido una declaración de impacto ambiental favorable, un avance decisivo para un proyecto que lleva casi dos décadas sobre la mesa y que aspira a conectar la capital con el sur turístico de la isla.
