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11/02/2026 00:19

Vivir debajo de un puente… en Maspalomas

La cruda realidad supera a la ficción, al encontrarnos un toldo debajo de un puente en la rotonda del Pedrazo, donde hay gente viviendo

Maspalomas, 10 de febrero del año 2026. A eso del mediodía el periodista mira el reloj y transita camino de un almuerzo con unos buenos amigos, con los que compartir mesa y mantel. Va escuchando las noticias del día en un espacio informativo de una cadena radiofónica desde Madrid. A ver si hay suerte y no se le retuerce el hígado.

En balde. Tras la sintonía de entrada empieza la retahíla habitual: La crisis económica que todo lo arrasa sin el menor pudor, los precios de los productos básicos –pan, leche, huevos, pollo…– que se encarecen y suben como la espuma de ayer para hoy y de hoy para mañana, y que le van ganando la carrera y por mucho a los sueldos que cada día quedan más distanciados, el criminal y terrorista Txeroki, que ya anda en semilibertad cuando le habían penado con casi cuatrocientos años por terrorismo de la asesina canalla etarra, el alza de los pisos que, válgame, andan por las nubes y no hay forma humana de que los jóvenes pueda compatibilizar trabajo, sueldo y alquiler, que es que ya, según comentan fuentes populares, una habitación en El Tablero se anda por los seiscientos euros…

Hace un sol luminoso y radiante propio de febrero en Maspalomas que amarillea el día como una acuarela de brillante intensidad lumínica. El periodista baja, precisamente, desde El Tablero, camino de la gasolinera a la altura del Pedrazo y enfilar su ruta. El periodista sigue su camino, dejando a su derecha un desvío que se retuerce hacia Lomo Los Azules…

De repente se encuentra, a lo lejos, con la pincelada verde de un lejano toldo… Se adentra en el arenoso arcén, se para, otea a lo lejos la mirada y ve como se flambea un poco el toldo, debajo del puente de la propia rotonda del Pedrazo, con signos que parecieran de vida. Saca el móvil y capta la fotografía de la portada, que invita a una reflexión entre el estupor y el dolor por la crudeza de la supervivencia. A unos kilómetros, Avenida de Cristóbal Colón arriba se desenvuelve la panorámica turística de las millas de oro y los hoteles de diamante…

Podo después le confirman que no hay un puente libre por la zona, que hay muchas cuevas habitadas… El mundo gira y gira…

Luego, dicen…

L

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