Loly Hernández conversa con dos leyendas del soul en una noche marcada por el recuerdo a Dania Dévora y por las historias que sostienen una vida.
«Dania, you will always be in my heart». Dania, siempre estarás en mi corazón.
John Ellison acababa de recordar sobre el escenario a la mujer que había conocido cuatro años atrás, en este mismo festival, y que desde entonces lo llamaba cada cumpleaños para cantarle Happy Birthday to You.
Después llegó Imagine. La Memphis Music Hall of Fame Band interpretó la canción de John Lennon como homenaje a Dania, creadora del festival, fallecida el pasado mes de marzo. Cada uno de sus integrantes cantó una pequeña parte. El público escuchó emocionado.
Cada música tiene su lenguaje. También lo tienen los lugares, los encuentros y la manera en que decidimos estar juntos. Anoche, durante unas horas, todos parecieron hablar el mismo idioma. Quizá por eso el soul hizo honor a su nombre y terminó alcanzando algo de nuestras propias almas.
Sobre el escenario estaban los músicos. Delante, un público que en buena parte ha crecido con esta música. Y alrededor, todos los que hacen posible que durante unas horas un festival pueda convertirse en algo más que una sucesión de conciertos.

Mientras salía del escenario y se entremezclaba con los asistentes, John Ellison recordó una idea que atraviesa también la historia del soul: «A change has got to come». Un cambio tiene que venir. Hace falta un cambio en el mundo.
Siguiendo ese hilo, quedan aquí dos conversaciones con dos leyendas que mantienen vivo el soul. Dos hombres que, al hablar de música, terminan hablando también de deseo, constancia, fe, familia, atención y de aquello que puede sostener una vida.
John Ellison
¿Qué palabra utilizaría para describirse a sí mismo? ¿Y por qué?
Diría que utilizaría la palabra yearn: añoranza, deseo. Nací con la música en la sangre. Empecé a cantar cuando tenía seis años. Sentía una añoranza, un deseo. Necesitaba cantar. Estaba siempre cantando, y todo el mundo le decía a mi madre que su hijo tenía una voz muy bonita. Me encantaba oírlo. Y continué cantando y cantando.
Cuando tenía 13 años, mi padre tocaba la guitarra. Yo nunca había tocado una. Un día la miré y dije: «Yo voy a tocarla». Cuando la cogí y empecé a tocar, me resultó tan natural que me volví adicto a ella.
A los 14 años se celebró un concurso de talentos en mi colegio. Me presenté y gané. Todo el mundo gritaba: «¡Más, más!». Y ahí lo supe. Eso era lo que tenía que hacer. Supe que Dios me había dado un regalo: cantar. No quería hacer nada más. Supe que esto era lo que había venido a hacer en mi vida.
Nunca paré. Algunas personas me decían: «¡Tú estás loco! Búscate un trabajo». Y yo decía que no. Esto era lo que tenía que hacer. Cuando cumplí 17 años compré un billete solo de ida desde mi hogar hasta Nueva York. Eso era lo único que quería hacer: cantar, cantar. Me dije que nada ni nadie me iba a parar.
«Y aquí estoy. No he parado hasta este momento».
Lenny Williams
Señor Williams, usted está considerado una leyenda del soul. Pero, si vamos un paso más allá, ¿cuál es el legado por el que le gustaría ser recordado?
Supongo que como la persona que pudo combinar negocio y entretenimiento, porque muchos de los que estuvieron antes que yo no tuvieron la oportunidad de hacerlo. Y también como alguien que pudo mostrar cómo hacerlo.

¿Qué palabra le definiría y por qué?
Williams elige consistency: constancia, pero también coherencia a lo largo del tiempo.
Probablemente la aprendí de mis padres. Desde el día en que nací hasta que los vi morir, fueron siempre las mismas personas, con los mismos objetivos. Yo intenté hacer lo mismo en mi vida. Y seguramente por eso soy la persona que ha llegado hasta aquí.
Hablemos de su estilo de vida. ¿Cómo es un día cualquiera en su vida? ¿Y cómo sería para usted una vida con sentido?
Ahora que los niños han crecido y estamos solos mi esposa y yo, pasamos tiempo juntos. Hacemos deporte juntos, vamos de compras… Yo soy el que saca la basura. Esa es una de mis tareas.
Su esposa, que está junto a nosotros y escucha la conversación, se ríe.
Una vida normal: nietos, partidos de fútbol, clases de baile… Ya sabes, todas esas actividades que hacen los abuelos.
¿Podría dar algún consejo a los lectores para tener una «buena vida»?
Para mí es tener la mejor relación posible, que es la relación con Dios. Les diría lo mismo a ellos: que tengan esa relación con el Dios que ellos elijan, que lean buenos libros y que observen y aprendan de las personas mayores que ellos.
En uno de los vídeos que ha publicado en YouTube se le veía caminando durante una mañana muy fría. Decía que necesitaba su paseo diario en medio de una vida tan ajetreada como la suya. Se dice que las ideas llegan con el movimiento. ¿Es ese su caso o utiliza sus paseos para estar consigo mismo o con Dios?
Pienso que las ideas llegan de muchas maneras. Puedes estar durmiendo y despertarte en medio de la noche con una idea. Puedes estar paseando, mirar la naturaleza y tener una idea. O puedes estar con otras personas, observarlas, escuchar algo que dicen y que entonces te llegue una idea.
Entonces se dirige a mí, ya no solo como entrevistadora:
«Una escritora siempre tiene que tener los ojos y los oídos abiertos, porque las ideas están a nuestro alrededor y, si tú no las coges, quizá lo hagan otros».
¿Qué es lo próximo en su agenda? ¿Adónde se dirige desde aquí?
Nos vamos a Italia el lunes y estaremos allí hasta el 28, cuando regresaremos a casa. Luego, el primero de agosto, iremos a Nueva York y después a California, donde tendremos un espectáculo con The O’Jays y The Whispers.
—Madre mía. ¿Cómo lo hace?
Williams sonríe.
—Bueno… buena vida.

Qué afortunada Loly por haber estado con ellos y haber podido compartir confidencias. Y afortunadas nosotros por habernos acercados a ellos.
¡¡¡Muchas gracias!!! ☺️
Gracias Nayra. Si todo un privilegio que quise compartir con los lectores. Momentos que suman. Un abrazo.