“That’s one small step for a man, one giant leap for mankind”.
“Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.
Neil Armstrong, 20/07/1969
La vida muchas veces solo espera a que demos ese pequeño paso; a que nos atrevamos a cruzar la puerta hacia nuevas experiencias.
Era sábado por la mañana y, junto a Eloy, decidimos visitar la exposición Destino: La Luna, en el Museo Elder. La recomendación vino de la empresa organizadora.
Me había percatado de las siglas INTA en el cartel, y comprobé que se trataba del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial. Recordé entonces el Centro Espacial de Canarias, en Maspalomas, y pensé que todo aquello podría servirme de inspiración para mi nuevo artículo.
Durante el recorrido por la sala de exposición, me detuve ante una cartelería dedicada a las mujeres estadounidenses —matemáticas, ingenieras, científicas e informáticas— que contribuyeron al desarrollo de la tecnología que permitió la llegada del ser humano a la Luna.
Compartí con una visitante desconocida mi admiración por las magistrales interpretaciones de las protagonistas de la película Figuras ocultas (2016), que precisamente narra esta temática. Una historia inspiradora de superación personal y perseverancia frente a las adversidades.
Poco después, un anuncio por megafonía nos invitaba a la primera función del día en el planetario. Me dirigí hacia allí con la emoción de una niña en una mañana de juegos y descubrimientos.
Al acceder, noté que estábamos solos. Ocupamos nuestros asientos y, de reojo, observé al auxiliar de sala, de pie en la entrada.
Escuché el sonido de la puerta al cerrarse y comprobé, desde lejos, que podría abrirse fácilmente en caso de necesitar salir. Los espacios cerrados suelen inquietarme, y eso me tranquilizó.
Busqué la mirada de Eloy, sentado al otro lado, y encontré en ella la seguridad de que todo estaba bien.
La proyección audiovisual me envolvió: un firmamento proyectado en el techo y una música inspiradora de fondo me hicieron sentir parte de algo mucho más grande.
Prestaba atención a los detalles del audio explicativo, hasta que la palabra “amenazas” irrumpió en la magia del momento. Sin lugar a dudas, lo que más me impactó fue escuchar la conclusión final, en la que, una vez más, nos advertían de que la mayor amenaza para el planeta Tierra sigue siendo… la acción humana.
Más tarde, mientras compartía un café con Eloy para intercambiar impresiones sobre la visita, me hice en silencio una pregunta poderosa: ¿qué tipo de huella quiero dejar en este maravilloso planeta en mi paso por él?
Cuando llegué a casa recordé el poema “Vista del Crepúsculo, al fin del siglo”, del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015):
Está envenenada la tierra que nos entierra o destierra.
Ya no hay aire sino desaire.
Ya no hay lluvia, sino lluvia ácida.
Ya no hay parques, sino parkings.
Ya no hay sociedades, sino sociedades anónimas.
Empresas en lugar de naciones.
Consumidores en lugar de ciudadanos.
Aglomeraciones en lugar de ciudades.
No hay personas, sino públicos.
No hay realidades, sino publicidades.
No hay visiones, sino televisiones.
Para elogiar una flor, se dice: parece de plástico.
Les espero en mi próximo artículo: “La Magia de las Cafeterías”.
Continuará.
