Siempre he sido una soñadora. Mis sueños no aparecen cuando duermo, sino cuando estoy despierta.
Imagino, creo, genero los recursos, se abre el camino, aparecen las oportunidades y, aun así, muchas veces no me atrevo a cruzar la puerta. En otras ocasiones salto al vacío y descubro después que tampoco era exactamente así como debía hacerlo.
Hasta que un día comenzó mi búsqueda.
¿Qué sucede dentro de mí para que determinadas situaciones se repitan una y otra vez?
No voy a contar aquí todo lo que ocurrió a partir de entonces, porque esta vez la historia es otra. Lo que sí quiero compartir es el camino que me ha traído hasta el momento en que tomo esta decisión.
Corría el año 2014. Acababa de completar la formación necesaria para perseguir uno de mis grandes sueños: ser guía turística. Quería recorrer países, vivir experiencias y mostrar a otras personas los secretos de cada lugar.
En el fondo, aquel deseo formaba parte de otro todavía mayor: mi búsqueda de la libertad.
Durante años había tratado de encontrarla fuera de mí, sin comprender por qué un anhelo tan importante nunca terminaba de llegar a buen puerto.
Compré una cámara y una grabadora. Abrí un perfil en Facebook y busqué la forma de llegar a Alemania. La primera vez regresé. La segunda partí convencida de que no volvería.
Me imaginaba haciendo reportajes, entrevistas y fotografías. Viviendo experiencias que después pudiera contarle al mundo.
Pero regresé a la isla.
Comencé a trabajar en la recepción de una reconocida empresa de artículos de lujo y guardé aquel sueño en el cajón de lo que entonces consideraba mis fracasos.
Aun así, nunca dejé de leer, escribir e investigar. No porque esperara hacer algo concreto con ello, sino porque la comunicación y todo aquello que iba descubriendo me calmaban. Me daban respuestas. Me ayudaban a continuar aquella búsqueda.
Estamos en 2026. Han pasado los años y muchas cosas han cambiado.
Sin embargo, el proceso vuelve a comenzar: imagino, creo, genero los recursos, se abre el camino, aparecen las oportunidades y…
Esta vez, quizá sí cruce la puerta.
Continuará.
