Una metáfora sobre la trascendencia de los actos transparentes frente al ruido de fondo y la solidez de mantenerse en el camino
El run run del silencio, también del sigilo, galopa con su marca por el desierto…
Ladran, luego cabalgamos
Ya, puestos, con la señal de los hechos. Ladridos no lejanos, pero débiles, aunque pareciera o semejara que persistentes en su consistencia. ¿Y qué? Como reza en la fraseología popular, «ladran, luego cabalgamos«.
Lo de menos son los ladridos del silencio y del bullicio. Callados y ocultos. O pregonados. ¡Qué más da…!
Ni tan siquiera clavando las espuelas en los ijares del caballo para que galope, a todo meter, en contraposición a los silencios, en contraposición, también, a los sigilos.
Más los senderos, tan abiertos en la naturaleza humana, son numerosos.
La transparencia en los pasos como verdadera esencia vital
La esencia son los pasos del caminar y su transparencia. ¿O no?
