Los escasos centenares de metros que separan El Tablero del barrio El Calderín representan una continuada serie de adversidades. Muy estrecha, alguna pronunciada curva, sin señalización, sin quitamiedos…
La carretera que une El Tablero y El Calderín se conforma como un punto de peligro y de riesgo. Uno de esos puntos negros de las carreteras que se expanden por San Bartolomé de Tirajana, y en las que nunca, afortunadamente, pasa nada… hasta que pase.
Bien asfaltada, eso sí es cierto, su sorprendente estrechez, donde malamente caben dos automóviles tipo turismo, que se ven obligados a ralentizar la marcha,. la carencia absoluta de señalización, ni divisoria entre uno y otro carril, lo que resulta verdaderamente inexplicable para los vecinos de ambos barrios y los conductores, unas curvas muy cerradas, carente de cualquier señalización, y que en algún caso se presentan como peligrosas para el conductor, la falta de unas vallas quitamiedos, la falta absoluta de mínimos arcenes…

Junto a la carretera entre El Tablero y El Calderín numeroso ramaje seco y antiguas cucañas.
Toda una serie de complejidades, de adversidades y de dificultades, que no resultan, precisamente, las más idóneas para transitar por esa corta y, al tiempo, peligrosa carretera.
Y sin contar claro es, que los laterales, ya, de campo descuidado, se encuentran absolutamente descuidados, Pedruscos, basureros, cucañas, palos de antiguas cucañas, basureros, latas de cervezas y otros varios, que convierten a esa pequeña carretera, pero de bastante tránsito, como un ejemplo claro y manifiesto de lo que no debe de ser una carretera.

Al otro lado de la carretera pedruscos y más pedruscos…
Una carretera y cercanías que, al tiempo, a un paso tan solo del núcleo turístico de Maspalomas, se encuentra sitiada de chabolas, de núcleos chabolistas, alrededor de El Calderín, y otras que se divisan a unos escasos centenares de metros de la carretera.

Las chabolas desgarran, severamente, los alrededores de El Calderín…
Una carretera que, por otra parte, aumenta su tránsito los fines de semana, ya que son bastantes los turistas y los residentes canarios, sobre todo de las cercanías, que se desplazan hasta las amplias dependencias del restaurante de «Los Tabaibales«. Y cuyos coches y autobuses, por cierto, tienen que aparcar en otro impresentable lugar, que une El Calderín como El Salobre, en medio de un impresentable cementerio de coches que da a la carretera.
De todas estas situaciones, al parecer, se han quejado vecinos de ambas poblaciones, al Ayuntamiento anterior y al actual…
Pero, como siempre, como quien oye llover
