La convocatoria del acto bajo el titular y denominador común «Entre las dos orillas» dejó todo un testimonio de clamor, dureza, dolor y ayuda ante las avalanchas migratorias que, en los últimos años, han trazado o han intentado trazar un recorrido siempre impresionante y cruel, siempre hostil.
Un acto pleno de inmensos testimonios que llegaron a todos por su severidad y dureza. Del mismo modo, llamaron a las puertas de todos la voluntad inmensa de cuantos acercan las primeras ayudas a los inmigrantes.
Como Tito Villarmea, capitán de la Guardamar Urania, que recordó que, junto a su equipo, ha rescatado a más de 20.000 personas. Una cifra, dijo, «que duele y no se olvida». Apuntó, además, que él mismo es uno más de esos mil seiscientos profesionales de Salvamento Marítimo que tratan de cuidar en la mar, con la mayor atención, del rugido de esas olas malditas.
También testimonió, sencilla y profundamente, que «ojalá no tuviéramos que rescatar a ninguna persona». Aunque, eso sí, añadió con una voz temblorosa y de aliento a la par que «seguiremos dándolo todo».

También se escuchó la voz de la delegada diocesana de Cáritas Canarias, que expuso el significado de los que atienden a los inmigrantes con un café, con su ayuda pastoral, con su alivio, con fe y fraternidad. Desde la experiencia de Arguineguín, señaló que «el Evangelio sigue vivo» y que «cada persona es una historia para abrazar».

Benito Cabrera y Pedro Manuel Afonso emocionaron al muelle con ‘La noche de Arguineguín’.
Como se escuchó, entre temblores impresionantes, el eco de una persona anónima que desde muy pequeña tuvo que abandonar Nigeria «porque no había salida». A los 14 años ya se encontraba sola en una lucha que, señaló, aún no ha terminado.
También subrayó que a los veintidós años tuvo que abandonar Nigeria con dos hijos. La mafia criminal la llevó a un lugar determinado. Pasó una cruda travesía de seis meses sin comer ni bañarse. Cruzó el mar. Numerosas personas de la patera en que viajaba murieron ahogadas. Al final, la patera llegó a la orilla, y un miembro de la siempre maldita mafia criminal la dejó embarazada.
Hoy, tras el paso del tiempo, con la ayuda de trabajadores sociales y de otros, sigue adelante en su recorrido, especificando que «hay días que la esperanza es pequeña…».
Asimismo, la delegada de Cáritas se refirió a las palabras del Evangelio junto al mar, de la esperanza ante el hermano que llega.
