El Papa convierte el muelle en símbolo mundial de memoria, acogida y defensa de la vida humana
El papa León XIV convirtió este jueves el muelle de Arguineguín en escenario de una llamada internacional a la dignidad humana, la acogida y la protección de quienes arriesgan su vida en la ruta atlántica.
El lugar que durante la crisis migratoria de 2020 mostró al mundo el hacinamiento de miles de personas acogió ahora una imagen muy distinta: migrantes, voluntarios, equipos de rescate y representantes de entidades sociales reunidos frente al océano para escuchar el mensaje del primer pontífice que visita Canarias.
Ante alrededor de 2.000 asistentes, León XIV pidió que ninguna frontera convierta a una persona en una cifra y reclamó una respuesta global frente a las causas, los peligros y las consecuencias de la migración.
«La dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera», afirmó el Papa desde uno de los lugares que mejor representa la dureza de la ruta canaria.
Arguineguín, memoria abierta al mundo
La llegada del pontífice estuvo acompañada por aplausos, música y banderas de distintos países. Buena parte de los asistentes eran personas migrantes procedentes de África y Latinoamérica, además de voluntarios y profesionales vinculados a la acogida y al salvamento.
Arguineguín fue durante meses el centro visible de una emergencia humanitaria. En 2020, cerca de 3.000 personas llegaron a permanecer concentradas en su muelle después de sobrevivir a la ruta atlántica.
Seis años después, ese mismo espacio acogió un encuentro centrado en la escucha, el recuerdo y la dignidad. El mar permaneció como fondo de una ceremonia marcada por las vidas salvadas, las ausencias y la memoria de quienes nunca alcanzaron la costa.
El Papa recordó que las personas que llegan a Canarias lo hacen heridas por el miedo, el hambre, la violencia y el desarraigo, pero nunca despojadas de su valor como seres humanos.
Cuatro voces frente al océano
El núcleo del encuentro estuvo formado por cuatro testimonios vinculados a distintas caras de la migración: la acogida humanitaria, el rescate marítimo, la trata de personas y la experiencia de la migración latinoamericana.
León XIV agradeció el trabajo de quienes rescatan, reciben y acompañan a las personas migrantes. Frente a la magnitud del fenómeno, defendió el valor de la presencia, la escucha y los gestos concretos.
El pontífice pidió cambiar la mirada para que cada migrante deje de ser percibido como una categoría, una estadística o un expediente. Solo entonces, sostuvo, la conciencia puede reconocer que detrás de cada llegada existe una familia, una historia y una vida interrumpida.
También dedicó una parte especialmente intensa de su intervención a las mujeres víctimas de explotación y trata. Recordó que ninguna persona puede ser comprada, utilizada o descartada y que ningún daño sufrido puede borrar su dignidad.
Europa ante su propia conciencia
El discurso pronunciado en Arguineguín trascendió el ámbito religioso y adquirió una dimensión política e internacional.
León XIV reclamó responsabilidades a los países de origen, llamados a generar condiciones de paz, justicia y desarrollo; a los territorios de tránsito, que deben proteger a las personas vulnerables; y a Europa, a la que pidió coherencia entre la defensa de los derechos humanos y su respuesta ante las muertes en el mar.
El Papa denunció la actividad de las mafias que comercian con la desesperación, las redes que explotan a mujeres y menores y la indiferencia que termina dejando a miles de personas en manos del abuso o del olvido.
«No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido», advirtió.
Desde el sur de Gran Canaria, el pontífice planteó una pregunta que resume la dimensión del drama: qué clase de mundo obliga a tantas personas a arriesgar la vida para intentar encontrar otra.
Una visita con huella histórica
La visita a Arguineguín cumplió uno de los viajes que quedaron pendientes durante el pontificado de Francisco y convirtió a León XIV en el primer Papa que visita Canarias.
El acto contó con un amplio dispositivo de seguridad coordinado durante meses por los distintos cuerpos policiales y servicios de emergencia. La jornada se desarrolló sin incidencias, con vigilancia por tierra, mar y aire.
Sin embargo, el verdadero peso de la mañana estuvo lejos del protocolo. Permaneció en los testimonios, en las banderas, en la memoria del muelle y en las palabras pronunciadas frente al Atlántico.
León XIV cerró su intervención con una llamada a no normalizar el sufrimiento ni reducir las tragedias a un recuento periódico de víctimas.
«No podemos acostumbrarnos a contar muertos», afirmó.
Arguineguín, durante años asociado a una de las imágenes más duras de la crisis migratoria en Canarias, quedó convertido este jueves en un lugar de memoria y en una tribuna abierta al mundo.
