Maspalomasplus.com

23/04/2026 13:50

Desde Bravo Murillo no se ven las Dunas de Maspalomas, por Maribe Doreste

El PIOGC dibuja un sur de la isla convertido en un espacio despersonalizado, concebido exclusivamente como destino vacacional para foráneos.

La reciente anulación del Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria (PIOGC) no es solo una resolución judicial: es, sobre todo, una llamada de atención. Una advertencia sobre los peligros de diseñar el territorio desde la distancia, sin atender a la realidad social, jurídica y cultural de quienes lo habitan. Porque, efectivamente, desde Bravo Murillo no se ven las Dunas de Maspalomas. Y lo que es más grave: tampoco se ve cómo viven los ciudadanos del sur de la isla.

Uno de los pilares del PIOGC ha sido la propuesta de especialización de usos —turístico o residencial— en municipios como San Bartolomé de Tirajana y Mogán, incluso en suelos urbanos consolidados. Esta medida no solo carece de justificación desde el interés general, sino que supone una agresión directa a derechos consolidados.

La imposición de esta segregación funcional expulsa a la población del territorio, rompe equilibrios sociales y vulnera el consenso alcanzado en el Parlamento de Canarias, donde de forma unánime se reconoció la compatibilidad entre uso residencial y turístico, tal como recoge la Ley 4/2017. Ignorar este marco no es una cuestión técnica: es una decisión política que afecta directamente a la vida de miles de ciudadanos.

El PIOGC dibuja un sur de la isla convertido en un espacio despersonalizado, concebido exclusivamente como destino vacacional para foráneos. Un territorio sin alma, donde la población local desaparece y los elementos naturales se transforman en mera “oferta complementaria” o, como el propio plan los denomina, “escenografía”.

Pero Gran Canaria no es un decorado. El Roque Nublo, las Dunas de Maspalomas, el Palmeral del Oasis o el macizo de Amurga no son atrezo de un parque temático. Son patrimonio vivo de los grancanarios, elementos que forman parte de nuestra identidad colectiva y de nuestra manera de entender el territorio. Reducirlos a un recurso turístico es, en el fondo, vaciarlos de significado.

Para quienes vivimos en una isla, la costa y el océano no son un lujo: son parte esencial de nuestra identidad. Reservarlos de facto para el turista implica desnaturalizar nuestra relación con el territorio.

Aceptar, además, que se puede duplicar la presión turística sin alterar la forma de vida de la población local no es solo ingenuo: es un desatino. La experiencia demuestra que los modelos intensivos generan tensiones sociales, encarecimiento del acceso a la vivienda y pérdida de espacios de convivencia. Sin

El desarrollo de la isla no puede medirse únicamente en número de camas turísticas. La sostenibilidad debe ser ambiental, económica y, sobre todo, social.
El ciudadano grancanario no es un elemento secundario del sistema: es su razón de ser. Planificar expulsando población, alterando costumbres y subordinando el espacio público y privado a una única actividad económica conduce a un modelo profundamente insostenible. PALT

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad