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El mar que hoy escuchó al mundo

Una persona contempla el Atlántico en silencio tras la jornada vivida en Arguineguín

Hay días en los que un lugar deja de ser únicamente un lugar.

La primera bajamar había llegado a las 04:36 de la madrugada. Cuando el sol apareció sobre el horizonte a las 07:04, Arguineguín despertó bajo un cielo completamente despejado. El mar permanecía tranquilo. Una ligera brisa del noreste apenas alteraba la superficie del agua y la temperatura anunciaba una de esas jornadas amables de junio que parecen avanzar sin sobresaltos.

En las terrazas comenzaban a servirse los primeros cafés. Algunos pescadores observaban la bahía mientras los vecinos cruzaban el paseo con la tranquilidad de quien conoce cada rincón del puerto desde hace décadas.

Sin embargo, algo era distinto.

Frente al muelle se levantaba un escenario. Cámaras llegadas de distintos países apuntaban hacia el Atlántico. Periodistas, voluntarios, autoridades y ciudadanos ocupaban un espacio que durante unas horas dejaría de pertenecer únicamente a Arguineguín para convertirse en un lugar observado por el mundo.

Y aun así, detrás de todo aquello, seguía estando Arguineguín.

El mismo pueblo marinero que cada día convive con el océano. El mismo que muchos relacionan con la pesca, con los paseos junto al mar o con la vida pausada del sur de Gran Canaria.

Pero también el mismo que, durante los últimos años, ha visto aparecer en el horizonte embarcaciones cargadas de incertidumbre, miedo y esperanza.

Por eso resultaba imposible separar el escenario del paisaje.

Poco después de las trece horas comenzaron los testimonios. Migrantes, rescatadores de Salvamento Marítimo y voluntarios de Cáritas compartieron experiencias marcadas por la travesía, el rescate y la acogida. Las palabras hablaban de dignidad humana, de vulnerabilidad y de quienes encuentran en Canarias la primera orilla de una nueva vida.

Sin embargo, la verdadera fuerza de la escena parecía encontrarse unos metros más allá del atril, en ese océano azul que ocupaba el fondo de todas las fotografías.

A simple vista parecía un mar sereno.

A mediodía las olas apenas alcanzaban los cuarenta centímetros de altura. El viento soplaba con suavidad y la superficie del agua permanecía prácticamente lisa, en ese estado que los navegantes describen como mar de cristal.

Era uno de esos días en los que el Atlántico parece olvidar su fuerza.

Uno de esos días en los que resulta difícil imaginar que estas mismas aguas hayan sido escenario de algunas de las travesías más duras del mundo contemporáneo.

Y, sin embargo, eran las mismas aguas.

Las mismas que miles de personas han cruzado persiguiendo una oportunidad para seguir viviendo.

Quizá por eso los silencios tenían tanto peso como los discursos.

Porque detrás de cada cifra existe una historia. Detrás de cada llegada hay una familia. Detrás de cada travesía hay una decisión tomada en algún lugar lejano donde la esperanza pesó más que el miedo.

La mañana avanzó entre encuentros, testimonios y miradas dirigidas al horizonte.

Durante unas horas, la atención internacional se concentró en este rincón del sur de Gran Canaria.

Y después llegó el final.

Una cruz construida con maderas de cayucos fue bendecida junto al mar. Poco después, una ofrenda floral quedó flotando sobre las aguas tranquilas de la bahía.

A las dos de la tarde el acto concluyó.

Las cámaras comenzaron a retirarse.

Las autoridades abandonaron el muelle.

El escenario iniciaba su despedida.

Pero el mar permanecía allí.

Exactamente igual que al amanecer.

Con apenas una ligera ondulación sobre la superficie.

Como si nada hubiera ocurrido.

Y, sin embargo, algo había ocurrido.

Porque durante unas horas Arguineguín dejó de pertenecer solo a quienes lo habitan.

Se convirtió en el lugar desde el que el mundo volvió a mirar hacia una realidad que estas aguas conocen demasiado bien.

Las flores siguieron flotando unos minutos más.

Después el océano hizo lo que lleva siglos haciendo.

Guardó silencio.

2 comentarios en “El mar que hoy escuchó al mundo”

  1. Una noticia de actualidad en una sociedad de inmediatez llevada a lo atemporal.

    Transmite veracidad y calma ante un momento que hará historia en la isla.

    Gracias por escribir para aquellas minorías que valora la información como una forma de conocer la realidad de los acontecimientos.

    1. Gabriel Montes

      Gracias por detenerte a leerlo y por compartirnos tu impresión.

      Vivimos rodeados de información que pasa muy deprisa. A veces merece la pena bajar un poco el ritmo y observar lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Los acontecimientos importantes siguen ahí cuando desaparece el ruido, y quizá sea entonces cuando mejor se comprenden.

      Un abrazo.
      Gabriel M.

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