A veces no necesitamos desplazarnos para encontrar el lugar que buscamos. Basta con imaginarlo, recrearlo y permitir que la magia de lo cotidiano haga el resto.
Esa mañana me levanté en silencio, como lo venía haciendo desde que había llegado al nuevo lugar donde ahora vivía.
Lo habitual era incorporar un pensamiento de agradecimiento por el nuevo día, y caminar con movimientos lentos hacia la ventana para contemplar el paisaje y respirar el aire fresco.
Sentí la paz de la habitación, y el vacío mental que deja la ausencia de tecnología en los espacios de descanso. A continuación, observé la armonía creada al aplicar algunas técnicas de “Técnicas de Organización” aprendidas en el libro de Marie Kondo: “La Magia del Orden. Herramientas para ordenar tu casa… ¡Y tu vida!”.
Recordé que conservaba ese libro en la biblioteca, y lo encontré colocado cuidadosamente en una de las estanterías. Lo cogí entre mis manos, y abriéndolo intuitivamente apareció ante mis ojos la frase: “Poner tus cosas en orden también significa poner tu pasado en orden”.
Miré la portada y la palabra “magia” sobresalió del título, e hizo que me detuviera en ella. Debía ser una señal de que era momento de empezar a escribir esta historia. Pero, ¡iba a ser escrita en una cafetería, esa era la idea!
Crear el espacio que necesitamos
Las últimas semanas habían sido muy intensas, y necesitaba estar en casa. Quería parar en su calidez y protección, evitando desplazamientos innecesarios. Me debatía sobre lo que hacer.
Me vino a la mente la secuencia de la que hablé en mi primer artículo: “Imagino, creo, genero los recursos, se abre el camino, aparecen las oportunidades…” Voilá. ¡Eso era!
Me dispuse a recrear esa ambientación en casa.
Subí a la azotea y saqué la mesa y sillas de teka, situándolas estratégicamente frente a las montañas que rodean la casa. Subí un jarrón con flores que Eloy me había traído del huerto, de las que bordean el terreno para que las abejas polinicen; y abrí los toldos laterales para crear la intimidad en la que me gusta sumergirme para escribir. Seleccioné una música de fondo que me hizo adentrarme en la belleza de aquel instante.
Pensé en lo que me gustaría pedir de la carta. Con la mirada fija en una vitrina de cristal, elegí un delicioso bocadillo de aguacate y queso tierno. Le pediría a la amable camarera que le añadiera orégano y aceite de oliva virgen. Si, eso haría.
Para acompañarlo opté por una leche dorada. Esa que sabía preparaban allí con especias (cúrcuma, pimienta negra, jenjibre, canela), con bebida de avena por favor, sugerí.
Seguro le añadirían esa miel de la zona que tanto me gustaba. Siempre la pedía acompañada de un buen café arábico. La receta original no lo lleva, pero yo tengo mi particular forma de tomarla. Sonreí. ¡Ya estaba imaginando de nuevo!
Lo siguiente era “…creo, genero los recursos…” Así que me dispuse a bajar a la cocina, y preparar la comanda con el cuidado y cariño que me hubiese gustado lo hiciera la cocinera de aquel hermoso lugar.
Mientras saboreaba aquel manjar, las palabras se agolpaban en mi interior pidiendo salir. Como si se tratase de un bebé avisando a su mamá de que ya era la hora de su nacimiento. Ese momento en que una mujer siente, entre alegría e incertidumbre, que ya no hay vuelta atrás. ¡Ya!, ¿es el momento?, pregunté. Y, sin más, me dispuse a dar a luz a mi propio bebé “La Magia de las Cafeterías”, surgiendo con ello la última parte de la secuencia “…se abre el camino, aparecen las oportunidades…”
Mucho más que un café
Siempre me han fascinado estos lugares. Mi parte favorita del día para visitarlos son las mañanas. Me asombra su versatilidad, y todas las cosas que pueden ocurrir en ellos.
Hubo un tiempo en el que me aterraba la idea de que iban a desaparecer bajo el impacto de un nuevo concepto impersonal y frío. Y me preguntaba qué iba a ser de mí si eso sucedía.
Atravesaron un proceso en el que este hecho se debatió, pero como auténticas guerreras, no solo sobrevivieron a su crisis, sino que muchas salieron fortalecidas convirtiéndose en espacios innovadores y alternativos, en los que emprendedores ilusionados con sus proyectos expresan todo su potencial con excelencia.
Cafeterías fusionadas con garden centers desprendiendo aromas y color; los coffee books que optan por tener paredes llenas de libros en vez de pantallas; las coworking que invitan a la colaboración en vez de la competencia; las que han introducido el fusionado concepto del “brunch” (breakfast+lunch) acercándonos a las culturas de otros países; las de estilo familiar, que optan por la cercanía y sencillez en el trato a sus clientes;aquellas que ofrecen un concepto bio y respetuoso con el medio ambiente, apostando por el producto de cercanía; las que tienen nombres de estados emocionales como la alma, invitándonos a la serenidad en nuestra visita; y las hay, incluso, inspiradas en “Lifestyle”, al igual que la sección en la que tiene lugar esta publicación.
¿Cuál es tu concepto de cafetería? Pregúntatelo y descúbrelo, siéntelo, disfrútalo, vívelo.
Te espero en mi próxima aventura: “¿Cuándo dejamos de jugar…?”
Continuará.
