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Desayuno con palomas en la cafetería del hospital Negrín

Sorprende el tránsito de las aves entre las mesas

Esta mañana el periodista acompañaba a un gran amigo a una cita médica en el hospital Negrín. En llegando al mismo los viajeros se desviaron en dos direcciones. El primero, a su consulta. El segundo, un servidor de ustedes, a la cafetería y hacer tiempo en el compás de espera.

Son las ocho y media de la mañana, aproximadamente. El día se abre alegre, con un sol radiante a esas horas, mientras, claro es, a estas alturas de agosto, hay poca gente, afortunadamente, por las dependencias de la cafetería.

El visitante transita por el largo mostrador, por aquello de la conformación habitual, guarda una mínima cola, ante un inmenso y cuasi vacío salón. El periodista, no sabe por qué, piensa en la cruel, soez, perversa e inmoral y Ley de Turismo que lleva por la calle de la Amargura a 18.000 familias en Maspalomas, que pretenden echar a todos, hala, en las pasiones legislativas de los que arriman el ascua a la sardinas de los explotadores de tantos explotados, a los grandes tenedores. A su izquierda,  sándwiches (según el diccionario de la RAE, qué horror de palabra), bocadillos, zumos y otros.

Las palomas no paran en su ir y venir…

El visitante va desayunado pero pide un café y un vaso de agua, mientras espera a su compañero de viaje. Una espera, que en la soledad, se inicia contemplando el paisaje de aquel amplio espacio hospitalario, que tampoco resulta demasiado atractivo. Una mirada al móvil, como todos,; otras miradas por las cercanías, como todos; el encuentro de los ojos con algunos vecinos; como todos, y el desvío de la mirada, como todos.

El recorrido visual tampoco resulta demasiado atractivo. En esas observa cómo una camarera va espantando algunas palomas que se adentran por aquel lugar. No sabemos si a la espera de una invitación de un croissant o de unas migajas de pan.

Las palomas miran con ese aire de confianza que, probablemente, se han ganado a pulso. También con aire de expertas por todas partes. El periodista lo considera como un elemento llamativo, saca su teléfono móvil y capta unas fotografías.

Petición de medidas a la dirección del hospital y a la concesionaria

Mientras tanto sugerimos proponemos humildemente a la dirección y a la concesionaria de la cafetería que habiliten las fórmulas adecuadas para evitar esa presencia que, seguramente, no será del agrado de muchos.

Un vecino de las cercanías, a través de su muestra solidaria con el periodista, exclama:

— ¡Joder…! ¡Esto es inaudito…! ¡Palomas en la cafetería y comedor de un hospital…!

Suena el teléfono. Nuestro amigo ya salió de la consulta. Y allá que se quedan las palomas en la cafetería del hospital Negrín…

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